lunes, enero 23, 2017

“Señora Gabriela Mistral”, de Matías Rivas



 

Su piedad piadosa de virgen violada,
de reina de los afligidos y madre de leche roja,
escasa como densa, señora de pocos aspavientos,
nadie le va a negar el lugar suyo en la corte de
los presumidos señores de la lengua.
Aunque se derramaran hordas de ira contra
su gusto a clavo muerto y se encendieran piras
con sus libros, sería sólo por vernos reflejados
en el espejo infeliz de un niño mordiendo
su propia mano.
Nadie se espanta, sin embargo, con las cascadas
de letras que aterran el decir.
Nadie sumerge su cara en el agua quebrada
de su lirismo de veguina del Siglo de Oro.
Señora, usted, que masca la lengua de llanto
y reza en acaloradas iglesias plegarias de viva,
disculpe la torpeza de los alcaldes y del mundo
cultural; usted ya no es una estatua, su gusto
a nada parecido es el sostén de los peñones
más duros de nuestro idioma. Una vieja para Chile,
qué honor.



en Aniversario y otros poemas, 1997






domingo, enero 22, 2017

"El pintor de la ciudad de Ata", de María Paz Valdebenito







Hay algo que quisiera olvidar
en este lenguaje hundido
donde la contraseña es una parte de mí albergada
en un distópico de rojo que se roe en la tierra.
por eso ya no más protoplasma ni preinscripción a la búsqueda
cuento con lo necesario para advertir
que toda materia es una esponja porosa
trepo árboles y veo
cuánto cambian las cosas en su más breve lejanía
tu imagen echa el humo del vacío inacabable, el miedo
que me provoca la distancia.

Porque siento que soy como un dios que ha descendido
de su más próximo símbolo para entre mis vertientes
localizarme, caer-como un ciego-
todo inalterado, simular
es ese el ínfimo detalle de la publicidad engañosa
            que invade nuestro espacio
letras comercializadas que te exigen la duda pendiente
deuda de esperar
y no son cosas hegelianas las que a veces me impacientan
ni el cálculo mal hecho de las fracciones de uno mismo
es la deuda con el alma de algún pequeño duende, contorsionado
en el bosque que me roba pedazos del sacrosanto deshojamiento.

A veces siento que no estoy,
vemos el mundo enmudecido y teñido de un vértigo dorado
después de todo quién está
en la telescópica capa del movimiento palpable, quisiera
extraviarme en el Arábigo y llegar
a construir la forma del delirio y la amenaza
cerrar todo ingreso a mis recintos melancólicos, arrastrarme
por la náusea a la oblicuación de sus abismos,
porque cerca de todo ámbito central
está la condición de agruparse en el extremo
y de allí nace lo inmóvil y el blanco del ojo comienza
fuera del eje y del foco contagioso. Vivir en el mar
dar la vuelta pensando en que el aire está vacío
darle a mis hijos las coordenadas para que alcancen el amor
ver que todo pavor no es más que un hueco depositado en el silencio
Venus, hazme el favor de hacerte un tránsito en la luz
qué más podría decir
si al final uno envejece y se agita por simple exceso gravitacional
algo así como un hábito mal visto de lo que llamamos desconfianza
dibujar la línea recta con los contornos de un dedo y llegar
a la estrella Ágatha y a cuántos otros dioses que nombraría en su belleza.
Luchar contra el miedo de sentirse compulsivo
contra el cáncer y otras
enfermedades temibles, el pájaro magnánimo
en su jaula convertido en un presunto estéril
inconsolables días para la contabilidad excesiva-pretenciosa
el aire, no se tranza ni se cuenta en lo más obsceno de un pronóstico
dejarlo todo fuera del alcance de los niños
convertir la poesía en un cuarzo fantasmal
y después ya no hacer la cuenta ni ser la cuenta de nada
porque dentro del terror perenne continúa un conteo de yeso
y la vida es una célula hinchada, trabado, de color gris
la vida
yace palpada en etiquetas instantáneas que se tranzan en un comercio
                                                 interior o exterior a estos ojos, la vida
va en corriente, veinticuatro segundos, hacia abajo.

Parece que estoy desprendida u oprimida o qué
en esto que llamamos la supervivencia de lo real
voy dentro de un ángel que le teme a sus alturas
ensartada en la garganta, enterrada humanidad –llena de
calcomanías negras intentando ser un solo código de barra–
me hastío y en mi danza hurgueteo el arcoiris
él se llama Bud y ella
el testimonio la creatura y la hemorragia
presiento que esto parece el fin de un juego de naipes exhaustivo,
               de una música imposible
o más bien el comienzo de
una teleserie americana.




2006-2014




















sábado, enero 21, 2017

“Según la melodía Qiuhu”, de Tsao Pi






Cae la tarde.
Ella aún no aparece.
Generoso vino y ricos manjares.
Todo intacto en la mesa:
Nada quiero probar.
Oh, pequeño pájaro, vuela
y lleva mi mensaje
para que ella venga enseguida.

Me inclino para coger flores de orquídea
y alzo la mano para cortar una rama.
¿Para qué la quiero, si ella no viene?
¿Dónde estará? ¿Al otro lado del océano?
Oh, Dios del Mar, salúdala de mi parte
y llévale estas perlas como presente.

El sol enrojece el horizonte.
Desesperado, fijo la mirada
en la senda hacia lo lejos.
Oh, mi amor, ven deprisa
que el día se nos acaba.



en Poesía clásica china, 2001






viernes, enero 20, 2017

"Anotación al 23 de agosto de 1944", de Jorge Luis Borges







Esa jornada populosa me deparó tres heterogéneos asombros: el grado físico de mi felicidad cuando me dijeron la liberación de París; el descubrimiento de que una emoción colectiva puede no ser innoble; el enigmático y notorio entusiasmo de muchos partidarios de Hitler. Sé que indagar ese entusiasmo es correr el albur de parecerme a los vanos hidrógrafos que indagaban por qué basta un solo rubí para detener el curso de un río; muchos me acusarán de investigar un hecho quimérico. Éste, sin embargo, ocurrió y miles de personas en Buenos Aires pueden atestiguarlo.

Desde el principio, comprendí que era inútil interrogar a los mismos protagonistas. Esos versátiles, a fuerza de ejercer la incoherencia, han perdido toda noción de que ésta debe justificarse: veneran la raza germánica, pero abominan de la América “sajona”; condenan los artículos de Versalles, pero aplaudieron los prodigios de Blitzkrieg; son antisemitas, pero profesan una religión de origen hebreo; bendicen la guerra submarina, pero reprueban con vigor las piraterías británicas; denuncian el imperialismo, pero vindican y promulgan la tesis del espacio vital; idolatran a San Martín, pero opinan que la independencia de América fue un error; aplican a los actos de Inglaterra el canon de Jesús, pero a los de Alemania el de Zarathustra.

Reflexioné, también, que toda incertidumbre era preferible a la de un diálogo con esos consanguíneos del caos, a quienes la infinita repetición de la interesante fórmula soy argentino exime del honor y de la piedad. Además, ¿no ha razonado Freud y no ha presentido Walt Whitman que los hombres gozan de poca información acerca de los móviles profundos de su conducta? Quizá, me dije, la magia de los símbolos París y liberación es tan poderosa que los partidarios de Hitler han olvidado que significan una derrota de sus armas. Cansado, opté por suponer que la novelería y el temor y la simple adhesión a la realidad eran explicaciones verosímiles del problema.

Noches después, un libro y un recuerdo me iluminaron. El libro fue el Man and Superman de Shaw; el pasaje a que me refiero es aquel del sueño metafísico de John Tanner, donde se afirma que el horror del Infierno es su irrealidad; esa doctrina puede parangonarse con la de otro irlandés, Juan Escoto Erigena, que negó la existencia sustantiva del pecado y del mal y declaró que todas las criaturas, incluso el diablo, regresarán a Dios. El recuerdo fue de aquel día que es perfecto y detestado reverso del 23 de agosto: el 14 de junio de 1940. Un germanófilo, de cuyo nombre no quiero acordarme, entró ese día en mi casa; de pie, desde la puerta, anunció la vasta noticia: los ejércitos nazis habían ocupado a París. Sentí una mezcla de tristeza, de asco, de malestar. Algo que no entendí me detuvo: la insolencia del júbilo no explicaba ni la estentórea voz ni la brusca proclamación. Agregó que muy pronto esos ejércitos entrarían en Londres. Toda oposición era inútil, nada podría detener su victoria. Entonces comprendí que él también estaba aterrado.

Ignoro si los hechos que he referido requieren elucidación. Creo poder interpretarlos así: Para los europeos y americanos, hay un orden —un solo orden— posible: el que antes llevó el nombre de Roma y que ahora es la cultura del Occidente. Ser nazi (jugar a la barbarie enérgica, jugar a ser un viking, un tártaro, un conquistador del siglo XVI, un gaucho, un piel roja) es, a la larga, una imposibilidad mental y moral. El nazismo adolece de irrealidad, como los infiernos de Erígena. Es inhabitable; los hombres sólo pueden morir por él, mentir por él, matar y ensangrentar por él. Nadie, en la soledad central de su yo, puede anhelar que triunfe. Arriesgo esta conjetura: Hitler quiere ser derrotado. Hitler, de un modo ciego, colabora con los inevitables ejércitos que lo aniquilarán, como los buitres de metal y el dragón (que no debieron de ignorar que eran monstruos) colaboraban, misteriosamente, con Hércules.





1952




















jueves, enero 19, 2017

“Jaula del padre”, de Javier Bello



 

De todos los que comen de esta mesa
el único que vive de su fuego es el padre.
Yo no sé de dónde vienen estas piedras
ni tampoco conozco a quien las trajo,
pero aquí las comemos, pero aquí las mascamos.
Salvaje padre sorprendido en tu error,
enemigo caliente de mirada amarilla,
me refiero a tu casa quemada por los bárbaros,
me refiero a tu lecho marcado por un nudo,
me refiero a tu alma que sale a predicar a la calle
el domingo volcánico de los evangelios,
palabra medio rota que envenena el suburbio
coronado por la lengua de un ángel,
coronado por la lengua que has de obedecer,
el decimal que te dará la muerte.
Padre en silencio, eliges el peso de tu voz,
el exacto calibre que arma tu vergüenza,
el bastón de la rabia, el cristal de la sed
cuando el cáncer congela tu garganta
y te deja alucinar en su hueco.
Padre furioso contra un sol de neón
padre furioso contra un grito de fuego,
encerrado con la luz que no entiendes,
encerrado en la jaula del mal,
perseguido por tus bestias de piedra
ofendes la raíz de los árboles.
Las hormigas se comen un perro,
el perro se come la cara de un hombre,
el hombre el excremento de un buey.
Bajo las mantas están tus hermanos
agazapados en la lágrima de su propio calor.
Este fuego es su fuego, y es mi fuego también,
este fuego es su hambre con las alas de mosca.
Un hombre se come la cara de un hombre.
Yo, mi padre, el padre de mi padre.



en Las jaulas, 1998







miércoles, enero 18, 2017

"50 Aniversario de la Población Sta. Olga, Lo Espejo", de César Cabello







Celebro la sombra de mi infancia en una toma de terrenos,
al grupo de niños con el que jugábamos a explorar
la fábrica abandonada, el hospital inconcluso,
las fronteras de los aeropuertos.

Celebro las horas desérticas,
las hechizas lámparas: velas al interior de tarros de pintura
con las que alumbrábamos la marcha nocturna
de los nuevos pobladores que llegaban por Panamericana
hasta el baldío, todavía sin nombre.

Celebro al homo faber,
a las dirigentas del comité Sta. Olga de Kiev
y al político desconocido que –sin pedir nada a cambio–
convenció al propietario de esos manzanares
para que firmara la expropiación.

Celebro la falta de vigilancia de los primeros años,
el peso del puñal que se aliviana
porque caminas solo,
sin detractores.

Y aunque a veces me descubro
envuelto en el ropaje de tus calles
–veo como extiendes tus manos
por encima de mi propia vida–
también celebro el día en que me alejé de ti
y solo regresé para cargar el ataúd
en el funeral de un amigo
o consolarme
con las mismas verdades
de El dios abandona a Antonio.

Celebro que me dieras un lugar,
una colmada tumba para arrastrar hasta allí mis huesos,
aún fuertes, aún no heridos por el horror
de tener que recobrarte.





en Lumpen, 2016
















martes, enero 17, 2017

“Vamos el increíble acoso de la vaca”, de Raúl Zurita






      Vamos el increíble acoso de la vaca
       La muerte
       no turba su mirada


I.    Sus manchas finalmente
      Van a perderse en otros mundos


II.   Esa vaca muge pero morirá y su mugido será
      “Eli Eli / lamma sabacthani” para que el
      vaquero le dé un lanzazo en el costado y esa
      lanza llegue al más allá


III.  Sabía Ud. que las manchas de esas vacas quedarán
       vacías y que los vaqueros estarán entonces en el otro
       mundo     videntes     laceando en esos hoyos malditos?



en Purgatorio (1ª edición UDP), 2007







lunes, enero 16, 2017

"En el fondo del patio...", de Iván Teillier






En el fondo del patio
ni una rama verde al anochecer.
Te aseguro que dormía entre las lilas
como una mujer cansada de lavar,
llamé por tu nombre
pero recordé de pronto
que tú habías muerto
en un verano,
recordé que habías muerto en un verano.



en Una rama verde, 1965


en Poemas, Lecturas Ediciones, 2015




















domingo, enero 15, 2017

“Limbo”, de Rossella Di Paolo






Un día puse una piedra encima de tu nombre
y me dije: iré cantando hasta mi casa.
Y canté
como una loca sobre sus piernas fuertes
como río loco canté.
Hasta que el canto empezó a hacerse agüita rala
(ni para regar guisantes)
y entre paso y paso
se me fue perdiendo un pie.
No acierto a ver el tejado de mi casa ni el árbol
más alto.
¿Será que me dejé el corazón bajo la piedra?
¿Mi tonto corazón junto a tu nombre?

Sé que ya no llegaré a mi casa.
Sé que tampoco puedo volver.



en Tablillas de San Lázaro, 2001







sábado, enero 14, 2017

"Toma la flor a tiempo", de Thu-Kiu Lian

© Versión de Juan Carlos Villavicencio, a partir de la traducción de Romeo Salinas





Déjame darte un consejo, amigo mío;
la juventud camina
demasiado rápido.
Toma la flor a tiempo, amigo mío,
cuando se termine de abrir.
No aguardes la caída de sus pétalos:
toma la flor a tiempo
antes que se marchite.














viernes, enero 13, 2017

Hoy: Presentación en Valparaíso de "América o el brillo", de John Kinsella y "Del arco iris y el relámpago" (Antología), de Víctor Rodríguez Núñez. Descontexto Editores





Hoy nos encontramos en Valparaíso, acompañando a Víctor Rodríguez Núñez con el que presentamos el libro "Del arco iris y el relámpago" (antología preparada por Juan Carlos Villavicencio y Carlos Almonte), que será presentado por el gran poeta Juan Cameron. En esta oportunidad, además será presentada la traducción que hizo Víctor Rodríguez Núñez, junto a Katherine Hedeen, del poemario "América o el brillo", del poeta australiano John Kinsella, texto que será presentado por Enrique Winter.


Los esperamos hoy en La Sebastiana a las 19 horas.
Difundan y acompáñennos a disfrutar de esta notable velada poética.





jueves, enero 12, 2017

“Las redes sociales son una trampa”. Entrevista a Zygmunt Bauman, de Ricardo de Querol






Acaba de cumplir 90 años y de enlazar dos vuelos para llegar desde Inglaterra al debate en que participa en Burgos. Está cansado, lo admite nada más empezar la entrevista, pero se expresa con tanta calma como claridad. Se extiende en cada explicación porque detesta dar respuestas simples a cuestiones complejas. Desde que planteó, en 1999, su idea de la “modernidad líquida” —una etapa en la cual todo lo que era sólido se ha licuado, en la cual “nuestros acuerdos son temporales, pasajeros, válidos solo hasta nuevo aviso”—, Zygmunt Bauman es una figura de referencia de la sociología. Su denuncia de la desigualdad creciente, su análisis del descrédito de la política o su visión nada idealista de lo que ha traído la revolución digital lo han convertido también en un faro para el movimiento global de los indignados, a pesar de que no duda en señalarles las debilidades.

Este polaco (Poznan, 1925) era niño cuando su familia, judía, escapó del nazismo a la URSS, y en 1968 tuvo que abandonar su propio país, desposeído de su puesto de profesor y expulsado del Partido Comunista en una purga marcada por el antisemitismo tras la guerra árabe-israelí. Renunció a su nacionalidad, emigró a Tel Aviv y se instaló después en la Universidad de Leeds, que ha acogido la mayor parte de su carrera.


Usted ve la desigualdad como una “metástasis”. ¿Está en peligro la democracia?
Lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar “la crisis de la democracia”, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no solo son corruptos o estúpidos, sino que además son incapaces. Para actuar se necesita poder: ser capaz de hacer cosas; y se necesita política: la habilidad de decidir qué cosas tienen que hacerse. La cuestión es que ese matrimonio entre poder y política en manos del Estado-nación se ha terminado. El poder se ha globalizado pero las políticas son tan locales como antes. La política tiene las manos cortadas. La gente ya no cree en el sistema democrático porque no cumple sus promesas. Es lo que está poniendo de manifiesto, por ejemplo, la crisis de la migración. El fenómeno es global, pero actuamos en términos parroquianos. Las instituciones democráticas no fueron diseñadas para manejar situaciones de interdependencia. La crisis contemporánea de la democracia es una crisis de las instituciones democráticas.

El péndulo que describe entre libertad y seguridad ¿hacia qué lado está oscilando?
Son dos valores tremendamente difíciles de conciliar. Si tienes más seguridad tienes que renunciar a cierta libertad, si quieres más libertad tienes que renunciar a seguridad. Ese dilema va a continuar para siempre. Hace 40 años creímos que había triunfado la libertad y estábamos en una orgía consumista. Todo parecía posible mediante el crédito: que quieres una casa, un auto… ya lo pagarás después. Ha sido un despertar muy amargo el de 2008, cuando se acabó el crédito fácil. La catástrofe que vino, el colapso social, fue para la clase media, que fue arrastrada rápidamente a lo que llamamos “precariado”. La categoría de los que viven en una precariedad continuada: no saber si su empresa se va a fusionar o la va a comprar otra y se van a ir al paro, no saber si lo que ha costado tanto esfuerzo les pertenece. El conflicto, el antagonismo, ya no es entre clases, sino el de cada persona con la sociedad. No es solo una falta de seguridad, también es una falta de libertad.

Afirma que la idea del progreso es un mito. Porque en el pasado la gente confiaba en que el futuro sería mejor y ya no.
Estamos en un estado de interregno, entre una etapa en que teníamos certezas y otra en que la vieja forma de actuar ya no funciona. No sabemos qué va a reemplazar esto. Las certezas han sido abolidas. No soy capaz de hacer de profeta. Estamos experimentando con nuevas formas de hacer cosas. España ha sido un ejemplo en aquella famosa iniciativa de mayo (el 15-M), en que esa gente tomó las plazas, discutiendo, tratando de sustituir los procedimientos parlamentarios por algún tipo de democracia directa. Eso probó tener una corta vida. Las políticas de austeridad van a continuar, no las podían parar, pero pueden ser relativamente efectivos en introducir nuevas formas de hacer las cosas.

Usted sostiene que el movimiento de los indignados “sabe cómo despejar el terreno pero no cómo construir algo sólido”.
La gente suspendió sus diferencias por un tiempo en la plaza por un propósito común. Si el propósito es negativo, enojarse con alguien, hay más altas posibilidades de éxito. En cierto sentido pudo ser una explosión de solidaridad, pero las explosiones son muy potentes y muy breves.

Y lamenta que, por su naturaleza “arco iris”, no cabe un liderazgo sólido.
Los líderes son tipos duros, que tienen ideas e ideologías, y la visibilidad y la ilusión de unidad desaparecería. Precisamente porque no tienen líderes el movimiento puede sobrevivir. Pero precisamente porque no tienen líderes no pueden convertir su unidad en una acción práctica.

En España las consecuencias del 15-M sí han llegado a la política. Han emergido con fuerza nuevos partidos.
El cambio de un partido por otro partido no va a resolver el problema. El problema hoy no es que los partidos sean los equivocados, sino que no controlan los instrumentos. Los problemas de los españoles no están confinados al territorio español, sino al globo. La presunción de que se puede resolver la situación desde dentro es errónea.

Usted analiza la crisis del Estado-nación. ¿Qué opina de las aspiraciones independentistas de Cataluña?
Pienso que seguimos en los principios de Versalles, cuando se estableció el derecho de cada nación a la autodeterminación. Pero eso hoy es una ficción porque no existen territorios homogéneos. Hoy toda sociedad es una colección de diásporas. La gente se une a una sociedad a la que es leal, y paga impuestos, pero al mismo tiempo no quieren rendir su identidad. La conexión entre lo local y la identidad se ha roto. La situación en Cataluña, como en Escocia o Lombardía, es una contradicción entre la identidad tribal y la ciudadanía de un país. Ellos son europeos, pero no quieren ir a Bruselas vía Madrid, sino desde Barcelona. La misma lógica está emergiendo en casi  todos los países. Seguimos en los principios establecidos al final de la Primera Guerra Mundial, pero ha habido muchos cambios en el mundo.

Las redes sociales han cambiado la forma en que la gente protesta, o la exigencia de transparencia. Usted es escéptico sobre ese “activismo de sofá” y subraya que Internet también nos adormece con entretenimiento barato. En vez de un instrumento revolucionario como las ven algunos, ¿las redes son el nuevo opio del pueblo?
La cuestión de la identidad ha sido transformada de algo que viene dado a una tarea: tú tienes que crear tu propia comunidad. Pero no se crea una comunidad, la tienes o no; lo que las redes sociales pueden crear es un sustituto. La diferencia entre la comunidad y la red es que tú perteneces a la comunidad pero la red te pertenece a ti. Puedes añadir amigos y puedes borrarlos, controlas a la gente con la que te relacionadas. La gente se siente un poco mejor porque la soledad es la gran amenaza en estos tiempos de individualización. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales. Estas las desarrollas cuando estás en la calle, o vas a tu trabajo y te encuentras con gente con la que tienes que tener una interacción razonable. Ahí tienes que enfrentarte a las dificultades, involucrarte en un diálogo. El papa Francisco, que es un gran hombre, al ser elegido dio su primera entrevista a Eugenio Scalfari, un periodista italiano que es un autoproclamado ateísta. Fue una señal: el diálogo real no es hablar con gente que piensa lo mismo que tú. Las redes sociales no enseñan a dialogar porque es tan fácil evitar la controversia… Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa.



en El País, 9 de enero de 2016





miércoles, enero 11, 2017

"Secreto profesional", de Víctor Rodríguez Núñez







El árbol que con desesperación
                                                 hace gestos al cielo
La mañana que voltea su rostro
salpicado con leche de crepúsculo
El río que de súbito
                               ha perdido la voz
entre la algarabía de las piedras
La sombra del ahorcado
                                      su aliento de ceniza
Todo esto tiene
                        viajero
                                   algo que decirte

Suma
         esa canción descascarada
que ha gritado el olvido
Ese cerro que otra vez se despide
con su pañuelo limpio
donde se puso el sol por cobardía
Esa noche sin pétalos ni fiebre
a pesar del invierno
                               que hoy también claudica
Todo te dice que
                          a la muerte
                                           no la conocerás





en Del arco iris y el relámpago (antología), Descontexto Editores, 2016





Originalmente en Oración inconclusa, 2000









martes, enero 10, 2017

Hoy: Lanzamiento de "América o el brillo", de John Kinsella y "Del arco iris y el relámpago" (Antología), de Víctor Rodríguez Núñez. Descontexto Editores








Presentarán Víctor Rodríguez Núñez (traductor y autor),
Rodrigo Olavarría y Raúl Zurita. 
Espacio Estravagario, Fernando Márquez de la Plata 0160,
Barrio Bellavista, a las 18.45 hrs.
(A un costado de La Chascona, casa de Neruda)




lunes, enero 09, 2017

"¿No?", de Robert Walser






Acostado en mi cuarto me atormentan
desgraciados recuerdos de lo mal
que lo he pasado siempre, y cómo sigo
obligado a pasarlo todavía.

¿Pero es que acaso hoy no luce el sol?
Están todos los pobres de rodillas
postrados con sus grandes corazones
y sus rostros inquietos por el miedo.

¿Pero es que acaso hoy no luce el sol?



en Poemas, 1997





Traducción de Carlos Ortega