sábado, mayo 27, 2017

“El aspecto del cielo, el color del agua (durante la cosecha de moras)”, de Ouyang Xiu

© Versión de Juan Carlos Villavicencio






El aspecto del cielo, del color del agua del Lago Oeste, es bello.
Las criaturas en las nubes son recientes,
mientras las garzas y gaviotas duermen perezosas.
Sigo mi costumbre como en los tiempos pasados, escucho flautas
            y cuerdas a lo lejos.

El viento es cristalino, la luna blanca y la noche sucede casi perfecta.
He aquí un pedazo de tierra hermosa:
¿quién anhelaría un fénix o un corcel?
Un hombre solitario en su bote es igual que un inmortal.













viernes, mayo 26, 2017

“Inscripción 15”, de Raúl Zurita






Si solo supieras cómo lloro y no puedo
despertar, qué graciosa me verías si
estuvieras como yo frente a los ríos de
mi país llorando por ti. Me contaron y
no es cierto, únicamente yo te he visto,
vi tu cara color del azabache y del cielo
pero no. Los muchachos sacaron
banderas blancas en el campamento, pero
igual nos golpearon. ¿Estás tú entre los
golpeados, los llorosos, los muertos?
¿Estás tú también allí mi Dios durmiendo
cabeza abajo?
No hay perdón para esta nueva tierra, me
dicen y nada de lo que hagamos cambiará
la suerte que tendremos, pero yo lloro y no
despierto y mi Dios se aleja como un barco.



en La vida nueva, 1994

Tomado de Verás, Ediciones Biblioteca Nacional, 2017






jueves, mayo 25, 2017

"El cuento de la criada", de Margaret Atwood

Fragmento del Capítulo III






Una figura roja con el rostro enmarcado por una toca blanca, una figura como la mía, una mujer anodina, con un cesto, que camina en dirección a mí por la acera de ladrillos rojos. Se detiene a mi lado y nos miramos la cara a través del túnel blanco que nos sirve de marco. Es la que esperaba.

        —Bendito sea el fruto —me dice, pronunciando el saludo aceptado en-tre nosotras.
         —El Señor permita que madure —recito la respuesta aceptada.

         Nos volvemos y pasamos junto a las casas, en dirección al centro de la ciudad. No se nos permite ir hasta allí, excepto de a dos. Se supone que es para protegernos, aunque es una idea absurda: ya estamos bien protegidas. La realidad es que ella es mi espía, y yo la suya. Si alguna de las dos comete un desliz durante uno de nuestros paseos diarios, la otra carga con la responsabilidad.

         Esta mujer es mi acompañante desde hace dos semanas. No sé qué pasó con la anterior. Un día sencillamente no apareció, y ésta estaba en su lugar. No se hacen preguntas sobre este tipo de cosas, porque las respuestas suelen ser desagradables. De todos modos, tampoco habría respuesta.

         Ésta es un poco más regordeta que yo. Tiene ojos pardos. Se llama Deglen, y ésas son las dos o tres cosas que sé de ella. Camina recatadamente, con la cabeza baja, las manos de guantes rojos cruzadas delante, y con pasitos cortos, como los que daría un cerdo entrenado para caminar sobre las patas traseras. Durante las caminatas jamás ha dicho nada que no sea estrictamente ortodoxo» así que yo tampoco. Debe de ser una auténtica creyente, en su caso lo de Criada debe de ser algo más que un nombre. Así que no puedo correr el riesgo.

          —He oído decir que la guerra va bien —comenta.
          —Alabado sea —respondo.
          —Nos ha tocado buen tiempo.
          —Lo cual me llena de gozo.
          —Desde ayer, han derrotado a más grupos de rebeldes.
          —Alabado sea —digo. No le pregunto cómo lo sabe—. ¿Qué eran?
         —Baptistas. Tenían una fortaleza en los Montes Azules. Pero los obli-garon a desalojarla con bombas de humo.
          —Alabado sea.

         A veces me gustaría que se callara y me dejara pasear en paz. Pero estoy hambrienta de noti-cias, cualquier tipo de noticias; aunque fueran falsas, igual significarían algo.

         Llegamos a la primera barrera, que es como las que usan para blo-quear el paso cuando hacen obras, o para levantar las alcantarillas: una cruz de madera pintada con rayas amarillas y negras y un hexágono rojo que significa Alto. Cerca de la puerta hay algunos faroles que están apagados porque aún no ha oscurecido. Sé que por encima de nuestras cabezas hay focos sujetos a los postes de teléfono, y que se usan en casos de emergencia; y que en los fortines, a ambos lados de la carretera, hay hombres apostados con ametralladoras. La toca que me rodea la cara me impide ver los focos y los fortines. Pero sé que están.

      Detrás de la barrera, junto a la estrecha entrada, nos esperan dos hombres vestidos con el uniforme verde de los Guardianes de la Fe, con penachos en las hombreras y la boina que luce dos espadas cruzadas encima de un triángulo blanco. Los Guardianes no son soldados auténticos. Les asignan tareas de vigilancia y otras funciones de lacayos, como cavar la tierra en el jardín de la Esposa del Comandante, y son tipos estúpidos o mayores o inválidos o muy jóvenes; y además están los Espías de incógnito.

      Estos dos son muy jóvenes: uno de ellos aún tiene el bigote ralo y el otro la cara roja. Su juventud resulta conmovedora, pero sé que no debo engañarme. Los jóvenes suelen ser los más peligrosos, los más fanáticos y los que más se alteran cuando tienen un arma en las manos. Aún no poseen experiencia. Hay que tener mucho tacto con ellos.

         La semana pasada, aquí mismo, le dispararon a una mujer. Era una Martha. Estaba hurgando en su traje, buscando el pase, y ellos creyeron que iba a sacar una bomba. La tomaron por un hombre disfrazado. Ha habido varios incidentes de este tipo.

         Rita y Cora conocían a esa mujer. Las oí hablar de ella en la cocina.

         Cumplieron con su obligación, dijo Cora. Velar por nuestra seguridad.

         No hay nada más seguro que la muerte, dijo Rita en tono airado. Ella no se metía con nadie. No había razón para dispararle.

         Fue un accidente, replicó Cora.

      Nada de eso, protestó Rita. Todo esto es desagradable. Yo la oía re-mover las cacerolas en el fregadero.

         Bueno, de todas maneras se lo pensarían dos veces antes de hacer vo-lar esta casa, afirmó Cora.

         Da igual, respondió Rita. Ella era muy trabajadora. No se merecía mo-rir así.

         Hay muertes peores, comentó Cora. Al menos ésta fue rápida.

       Tú puedes decirlo, concluyó Rita. Yo preferiría tener un poco de tiem-po. Para arreglar las cosas.







1985





















miércoles, mayo 24, 2017

“Boom boom”, de Rodrigo Severin



 

El día uno, cual Charlot, terminé sin quererlo casi liderando una protesta por los derechos de los hombres (masculinos). Entre otras cosas, me ocurrió algo más o menos así:

De repente veo a un viejo sabio, vestido en tonos rituales anaranjados que viene y me saluda amistosamente, en medio de la protesta. Su cara irradiaba simpatía, con el pelo y barbas abundantes y canos, y una sonrisa que sólo se dibujaba por la cuerda natural entre ambas comisuras. “Where are you from?”, me pregunta. “From Chile”. ”Oooooooooooh, South America!”. Asentí. “Good!”. Le pregunté por el motivo de la protesta. Mientras me explicaba, retrucaba con su preguntas para inquirirme. Cuando le dije que quería ir a Parvati exclamo: “¡Aaaaaaaah… boom boom boom!”. Entornando los ojos y multiplicando su simpática cara a niveles indescriptibles, pues desde el primer vistazo parecía imposible mayor exaltación facial. Los  cachetes rojos que montaban la barba como que se inflaron aún más; los ojos se le achinaron, y parece que los globos oculares se sobresaltaron de tal forma que el iris y las pupilas crecieron; la cuerda se encorvó hacia arriba; los anteojos le colgaban ahora, de la nariz, y en combinación con los ojos trazaban un destello que revelaba su alma en toda su espléndida desnudez. Ya se me agotan las palabras para describir la dicha del santón cuando le dije: “I am boom boom now”. “Do you have?”, preguntó de un latigazo. “Yes”. Su dicha ya me resultaba escalofriante, aunque su expresión, y esto es lo asombroso, se mantenía “petrea”; pues las alteraciones que apreciaba en su rostro durante la conversación carecían de afectación: eran más bien la expresividad radiante que emergía virtualmente como una vibración. Me dijo que fuéramos al boom boom. Estuve a un tris de aceptar, pero me bajó toda la paranoia por la cantidad de policías circundantes. Le ofrecí un pedacito de boom boom a cambio. “Very good! Thank you!”. Nos despedimos alegremente y me alejé con un leve dejo de arrepentimiento. Debí haber asumido los riesgos, pienso ahora, porque este hombre encantador me estaba ofreciendo su amistad.



India, mayo 2017

Inédito
 






martes, mayo 23, 2017

"A través de la oscuridad...", de David Lynch

© Versión de Juan Carlos Villavicencio






A través de la oscuridad de un futuro pasado
el mago ansía ver
a uno que canta entre dos mundos
«El fuego camina conmigo».




en Twin Peaks, 1990-1991













Through the darkness of future past / the magician longs to see / one chants out between two worlds / “Fire walk with me”.













lunes, mayo 22, 2017

“Réplicas”, de Umar Ibn Abi Rabi’ah






A una muchacha de formados senos
invité a tenderse, sin cojín,
sobre la arena del desierto.
“Así lo haré, aunque no sea mi costumbre”, dijo ella.
Y cuando iba a despuntar la aurora, dijo:
“Me has deshonrado, ahora vete, si quieres,
o sigue, si así lo prefieres”.
Pero no hice sino sorber sus encías
y, entre charlas, besarla en la boca.
Me llené de toda ella.
Me envolví en su vestido de seda
y a mis ojos dije: llorad ahora.
Entonces se levantó
para borrar con su manto las huellas
y buscar las perlas del collar desparramadas.



en La poesía árabe clásica (Veglison y De Molins), 1997

Pintura: Eugène Delacroix






domingo, mayo 21, 2017

"Problema de envergadura", de Juan Cristóbal Guarelllo






Nunca le compré mucho al personaje. Antes de que llegara a Colo Colo demostró su forma de operar: tenía arreglado todo con Mosa aun cuando Sierra todavía estaba en la banca y conformaba el plantel. Después, su primera aparición en el Monumental: entrenamiento abierto a la prensa, gestos teatrales frente a las cámaras gritándole a los jugadores “ir al ataque”, para al día siguiente decretar todas las prácticas privadas y prohibir que los jugadores hablen en la semana. Es decir, puesta en escena para salir en todos los noticiarios como un entrenador “aguerrido” y “ofensivo”, y después decretar un veto que ni Álamos, Jozic, Benítez o Borghi, hablando de entrenadores que ganaron algo en serio, se hubieran atrevido a hacer.

Luego el tongo de Lanaro, un show montado para subirle el sueldo y darle una mano a un jugador del corral de su representante: Leonardo Cauteruchi. La forma en que intervino las series menores, metiendo en la Sub 19 a un admirador cuyos antecedentes eran haber dirigido 15 años en la cuarta división de España. Lo que se dice, buscar la excelencia.

Ni hablar de la forma en que sacó a Julio Rodríguez del cuerpo técnico. Una cosa es despedir a alguien, otra es mandar al Cucho Salvatierra a hacerse el graciosito con guantes y que en uno de los banderazos payaseara como entrenador de arqueros.

¿Y la renovación de Garcés? Hasta Cauteruchi reconoció que el individuo de marras estuvo en la mesa con los dirigentes negociando la continuidad del arquero. El entrenador negociando contratos de los jugadores con su representante. Y a nadie le parece malo.

Dejo de lado su tren siberiano de supersticiones: agua bendita, plantas de ruda, modelos de ropa y cuanta lesera existe. Da lo mismo, folklore por último. O que haya metido al hijo a hacer una pasantía eterna editando videos.

Siempre de vivo, de víctima, con el guiño, la ironía…

Pero, sabemos, la hinchada perdona todo con tal de ganar, hasta que le estén metiendo la mano en el bolsillo frente a sus ojos. Y se había instalado la idea de que el señor es “un ganador” con “estilo ofensivo”.

¿Seguros? El Apertura 2016 fue una larga pretemporada donde no estuvo ni cerca de pelear el título. Luego ganó la Copa Chile, un título menor dentro de las vitrinas de Colo Colo, tanto así, que en años anteriores se había jugado con suplentes y juveniles.

En la Copa Libertadores no pasó la segunda fase eliminatoria. Quedó en el camino contra Botafogo haciendo un partido lamentable en el Monumental. Pero, claro, como es un “equipo brasileño” no había obligación de clasificar. Porque, ustedes saben, Colo Colo nunca le ganó a un equipo brasileño.

Finalmente este Clausura 2017. Claro, por ahí San Luis hace la gracia y Colo Colo sale campeón. A los rebotes. Lo tenía servido en bandeja, le alcanzó a sacar seis puntos de ventaja a la U en un torneíto de 15 fechas. Y está a un pelo de salir segundo. El equipo se vino abajo, de los últimos ocho partidos ganó dos, los rendimientos individuales cayeron con estrépito, cada punto comenzó a costar sudor y lágrimas. No mereció ganar en Viña del Mar e hizo todo lo posible para que Antofagasta, que tiene su objetivo en zafar del descenso y nada más, le empatara en el Monumental.

Me explico, Colo Colo tenía a Antofagasta en el arco, la figura era García. Aparte del gol de Rivero, se creó tres o cuatro claras oportunidades de más. Estaba para apurar y matar el partido muy fácil. Pero ocurrió todo lo contrario: luego de abrir la cuenta a los 22’ del primer tiempo, el señor picardía frenó al equipo, contuvo a los laterales, entregó la pelota y dejó crecer a un rival que estaba en las cuerdas ¡Contra Antofagasta de local! Y Antofagasta, sin recursos ofensivos, con grandes problemas para hilar una jugada de peligro, se encontró que Colo Colo, de local, se le metía atrás y le entregaba la iniciativa. Cuando sacó a Rivero y puso a Morales para jugar al contragolpe ya no hubo dudas: al señor de la banca le vino pánico escénico, se apretó como perno de muelle y se puso anteojos de cuero. Sacó su mejor hombre en ofensiva para especular con pelotazos largos para Morales. Como si estuviera jugando el descenso, como si el rival fuera el Real Madrid, como si Antofagasta no llevara 24 años sin ganar en el Monumental.

Para mí el señor éticamente ya está cocinado. Ahora quedó claro que futbolísticamente le quedó grande el asunto. Basta del verso del “ofensivo y propositivo”. Colo Colo tiene una historia y tiene títulos de verdad, con entrenadores de distinto paladar, pero que ganaron cosas en serio y no andaban de vivos, manipuladores o metiendo las manos en el cajón.






en La Tercera, 16 de mayo 2017
























sábado, mayo 20, 2017

"Mi corazón no es una piedra", Anónimo chino

© Versión de Juan Carlos Villavicencio






Como un bote danzando
donde sea que encuentre olas,
así a mi cama he sido
lanzado hacia el tormento donde
yazgo despierto largamente.
Ni el vino ni el juego
pueden aliviar mi gran dolor.

¡Oh, que mi corazón fuera un espejo
en el cual pudiera yo leer!
Acudí a mis hermanos
buscando ayuda y no encontré
nada sino ira.

Mi corazón no es una piedra
para hacer rodar a un lado;
mi corazón no es una alfombra
que pueda ser dejada aparte.

¿Qué he hecho tan mal? Si acaso me he equivocado,
les pido que me muestren mis errores.

Mi corazón está abatido por el pavor:
estoy rodeado
por el desdén de pequeños hombres.
Tanto tormento he visto,
tanta insolencia que he aguantado.
Me he hundido en pensamientos inútiles
y he despertado con el pecho destruido.

Oh, sol, oh, luna,
¿por qué han cambiado y se ven tan disminuidos?
Tanta pena en mi corazón
que se aferra como un vestido sin lavar.
Estoy cargado
de pensamientos vagos, y ya no puedo
desplegar mis alas para volar muy lejos.





en El Libro de Odas, aprox. 1000 AC



















viernes, mayo 19, 2017

“Comida para gatos o la cantidad hechizada”, de Reina María Rodríguez






Los gatos son los más engañados con esta cuestión de la escasez. Les echo pedacitos de carne, pedacitos de pescado, pedacitos de cualquier cosa. Nunca cosas completas. Ellos suspiran por lo que vendrá. Me miran, tienen la ilusión de que vendrá después, “la cantidad”, por eso resisten. La cantidad es para ellos el sueño.



en Luz acuosa,
Ediciones Biblioteca Nacional, 2015







jueves, mayo 18, 2017

"Cantus in memoriam Chris Cornell", de Juan Carlos Villavicencio




(1964-2017)


I know all your graces
someday will flower
in the sweet sunshower

Hay la voz i un abismo interminable
               de flores negras sobre el césped
i
una
tumba
abierta
              esperando húmeda
                            otra vez
                        al fuego que no cede.

Arenas como horas o siglos tatuados
                carentes de toda compasión.

En un jardín de lágrimas nace un sendero
                                    hacia el acantilado.

Aguas i duendes muriendo i renaciendo
                                                      bajo
                                                          la
                                                         garúa
                                               que cae abrazada por el sol
en esta brutal i hermosa
                           guerra contra
                           el tiempo.


Una barca al final del horizonte.


                             – crescendo –


Todo lo que seremos lo somos ya,
              sangre i tierra en un puñado de estrellas silentes.


Volverás a florecer de colores sin perdón.





18 de mayo, 2017
(en el cumpleaños de mi hermano Porto, que partió hace demasiado)























miércoles, mayo 17, 2017

“El pelo”, de Germaine Greer




 
El estudiante que escribió a los diarios dominicales para preguntar por qué el director de su colegio estaba alterado por la mata oscura que le cubría la nuca y le llegaba hasta el cuello de la camisa fingía una falsa ignorancia. Cuando los hombres de nuestra generación se dejaron crecer el pelo, no lo hicieron sin motivo como intentaron afirmar luego. Su pelo era una indicación de que no aceptaban la moralidad de la generación de burócratas de pelo cortado al cepillo de sus progenitores. Mediante el acto de dejarse crecer el pelo consiguieron dare la vuelta a una curiosa presunción sobre su significacion sexual, pues muchos jóvenes comenzaron a lucir grandes matas ondeantes de rizos y largas trenzas relucientes que sus hermanas intentaban emular en vano. La antigua presunción de que la cabellera de las mujeres crecla más densa y más larga que la masculina no se disipó sin dificultad. Los hombres de pelo largo fueron tachados de anormales y pervertidos y las mujeres echaron mano de inmensas cascadas de pelo comprado para restablecer el equilibrio. Mientras se ahuecaban el pelo sobre la cabeza y se engalanaban las pestañas, se arrancaban a la vez con determinación hasta la última brizna de vello de las axilas y de los brazos y las piernas. Cuando el verano llenó los parques y jardines de melenudos en camiseta de tirantes, pudieron ver que muchos de ellos tenían los brazos y el pecho lampiños y escasa barba; en vez de comprender lo que eso indicaba sobre la virilidad de los torsos velludos, lo consideraron una prueba más de que esos hombres eran unos degenerados. No hace mucho, Edmund Wilson se permitio insinuar que la virilidad de Hemingway era defectuosa acusándole de lucir vello de crepé en el pecho.

Lo cierto es que algunos hombres son peludos y otros no; y algunas mujeres son velludas y otras no. Las distintas razas tienen patrones diferentes de distribución del vello. Ese súmmum de virilidad, el "semental" negro, tiene poquisimo vello corporal. Algunas mujeres caucásicas de piel morena tienen abundante vello oscuro en los muslos, las piernas, los brazos y hasta las mejillas; su eliminación es dolorosa y ocupa mucho tiempo, pero cuanta más ropa están autorizadas a quitarse las mujeres, más vello deben eliminar.

La justificación de la depitación es burda. La sexualidad se considera, de manera absolutamente errónea, como una característica animal, pese al hecho evidente de que el hombre es el animal sexualmente más activo y el único que mantiene relaciones sexuales con independencia del impulso reproductivo instintivo. En la imaginación popular, el vello abundante, como el pelo espeso en los animales, se considera un indicador del grado de bestialidad y, por lo tanto, un indicio de una sexualidad agresiva. Los hombres lo cultivan, del mismo modo que se les anima a desarrollar instintos competitivos y agresivos; las mujeres lo controlan, igual que controlan todas las facetas de su vigor y su líbido. Cuando su vello corporal no les inspira suficiente repulsión, otros se encargan de ordenarles que se depilen. En casos extremos, las mujeres se afeitan o se depilan la zona del pubis, a fin de parecer todavía más asexuadas e infantiles. Aunque, si hasta Freud llegó a considerar el vello pubiano como una cortina prevista por algún tipo de modestia fisiológica, afeitárselo también podría constituir una rebelión. Los esfuerzos para eliminar cualquier olor del cuerpo femenino forman parte de la misma represión de una animalidad imaginaria. Actualmente, no basta con neutralizar el olor del sudor y del aliento; todas las revistas femeninas advierten a las mujeres sobre et horror del olor vaginal, que se considera abso- lutamente repulsivo. Los hombres que no desean ver a sus mujeres afeitadas y desodorizadas hasta la insipidez más absoluta, nada pueden hacer contra la repulsión que sienten las mujeres mismas contra su propio cuerpo. Por otro lado, algunos hombres se enorgullecen de su olor y vellosidad, como parte de su rechazo viril contra la delicadeza. Existe un término medio entre el encanto de una piel de cabra semicurada y el cuerpo lampiño e inodoro de la muñeca: el cuerpo cuidado y razonablemente aseado, el cuerpo deseable, sea masculino o femenino.



en La mujer eunuco, 1970






martes, mayo 16, 2017

"No le copien a Pound", de Gonzalo Rojas






No le copien a Pound, no le copien al copión maravilloso
de Ezra, déjenlo que escriba su misa en persa, en cairo-arameo,
            en sánscrito,
con su chino a medio aprender, su griego translúcido
de diccionario, su latín de hojarasca, su libérrimo
Mediterráneo borroso, nonagenario el artificio
de hacer y rehacer hasta llegar a tientas al gran palimpsesto de lo Uno;
no lo juzguen por la dispersión: había que juntar los átomos,
tejerlos así, de lo visible a lo invisible, en la urdimbre de lo fugaz
y las cuerdas inmóviles; déjenlo suelto
con su ceguera para ver, para ver otra vez, porque el verbo es ése: ver,
y ése el Espíritu, lo inacabado
y lo ardiente, lo que de veras amamos
y nos ama, si es que somos Hijo de Hombre
y de Mujer, lo innumerable al fondo de lo innombrable;
no, nuevos semidioses
del lenguaje sin Logos, de la histeria, aprendices
del portento original, no le roben la sombra
al sol, piensen en el cántico
que se abre cuando se cierra como la germinación, háganse aire,
aire-hombre como el viejo Ez, que anduvo siempre en el peligro,
            salten intrépidos
de las vocales a las estrellas, tenso el arco
de la contradicción en todas la velocidades de lo posible, aire y más aire
para hoy y para siempre, antes
y después de lo purpúreo
del estallido
simultáneo, instantáneo
de la rotación, porque este mundo parpadeante sangrará,
saltará de su eje mortal, y adiós ubérrimas
tradiciones de luz y mármol, y arrogancia; ríanse de Ezra
y sus arrugas, ríanse desde ahora hasta entonces, pero no lo saqueen;
            ríanse, livianas
generaciones que van y vienen como el polvo, pululación
de letrados, ríanse, ríanse de Pound
con su Torre de Babel a cuestas como un aviso de lo otro
que vino en su lengua;
cántico,
hombres de poca fe, piensen en el cántico.





en Oscuro, 1977
















lunes, mayo 15, 2017

“Clips para 'Brilla o América', de John Kinsella”, de Ramón Oyarzún




 
O "cliks" para sus traductores, editores, lectores, fans, seguidores, interesados, críticos y detractores (del autor  mismo y de todos los anteriores). A propósito del libro de John Kinsella: América or Glow. (Traducción de Katherine M. Hedden y Víctor Rodríguez Núñez. Descontexto Editores. Santiago de Chile 2016, en adelante JK-AB). Esto que escribo es una devolución muy general respecto a un texto inconmensurable que podría decir sin duda: es imposible abarcar. Sin embargo, ¡Oh felicidad! Está ahí, es posible aproximarse a este y rumiar unas cuantas ideas.

* Impresiona saber que la poesía se hace entre y para los amigos. Cuando la poesía además nos hace amigos, tenemos una vinculación más allá del tiempo y el espacio, la reunión de dos mentes.

* Analizar cualquier traducción es un trabajo infame, proclive a la crítica; voy a anotar tres cosas que me gustaron del trabajo en general y una que yo habría hecho distinta por creer que así quedaría mejor. Esto mismo haré con la edición.

* Primero: el ritmo sostenido de la traducción es fluido y ameno.

* Segundo: las opciones fonéticas generales escogidas para la traslación del poema al español son acordes al inglés australiano del escritor, respetando su diferencia.

* Tercero: la adjetivación descriptiva tan propiamente arraigada a la cultura y el uso del inglés del país de los Estados Unidos se sostiene y llega a la traducción cuidada y comprensible con lo que ayuda en la comprensión del poema y la intención que quiso hacer la lectura traductológica.

* Yo habría investigado otras opciones para el uso de las partículas determinativas en la traducción, fijándome especialmente en las posibilidades hipotácticas del español como ventaja comparativa por sobre la hiperdeterminación obligatoria del inglés. Esto podría haber derivado en un interesante juego catróptico de adjetivos que sí se aprecia en el original de Kinsella, y habría evitado la inconsistencia manifiesta en la traducción en el uso (a veces sí, a veces no) de los determinantes.

* Respecto a la edición las tres cosas que más me gustaron son la bravura del índice, las portadas por su cuidado diseño y el espacio en la lectura atribuible a la elección de la fuente, separación entre caracteres y ubicación espacial en la página de los textos. Yo habría hecho una edición del poema como "libro objeto", tal vez en forma de papiro o metros  de poema, pero no es la característica del trabajo editorial de los DJ dscntxt.

* Dicho esto, podemos leer al poeta Autraliano John Kinsella: con más conocimiento del espacio paratextual que lo circunda: llegado a Chile de la mano de hispanohablantes transterrados en el mundo anglosajón, con una relación personal, además, el texto se nos muestra, o mejor digamos, fluctuant nec megitur, como encargo personalísimo: tradúzcanlo al español (JK-AB, Nota preliminar, pg. 9).

* Hacer una escritura de la propia lectura de una sociedad completa debe ser uno de los trabajos más ambiciosos posibles y, por supuesto, hoy solo parece posible desde la poesía. No comentaré más sobre esta misión del poeta. (JK-AB, pg. 55)

* Leer poesía amistosamente es la única posibilidad de subsistencia de esta. Sin embargo, no parece ser una práctica extendida entre los lectores profesionales. Al contrario, tenemos la crítica.

* Será acaso, pues, que la lectura de poesía (indeterminada, indeterminable, interminable) nos lanza a un espacio tan vasto y amplio que quedamos desnudos naufragando sin esperanza y no sabemos sino reaccionar intentando aferrarnos a algo conocido, reforzando nuestra individualidad y saber personal como el único válido. Aceptar el naufragio parece la única posibilidad de flotar algo, aunque sea a metros bajo el agua. (JK-AB, pg. 45)

* Traducir una poesía surgida desde la impresión cultural de un huésped sólo es posible siendo inconcebiblemente hospitalario con el lector y aceptando que los referentes culturales contenidos en los textos que lo alcancen bastarán para hacer su lectura una experiencia feliz.

* Debiéramos leer poesía siempre bilingüemente, además y sobre todo como práctica social: calles, parques, plazas, todos los espacios públicos repletos de grupos de lectores leyendo traducciones de traducciones y palimpsestos traductológicos con sus sonoridades líquidas tapizando ectoplásmicamente las murallas de sonidos y reverberaciones para atravesar las murallas de nuestras culturas hacia la esencia última de todo. (JK-AB, pg. 93)

* Comprender y aplicar un esquema personal a la lectura de cualquier poesía está sobrevalorado, sin embargo, es la única opción que tiene un lector: comparar, clasificar, definir y distinguir: esto me gustó, esto otro no me gustó: nada más torpe cuando se intenta leer una cultura: las cosas en la cultura están ahí evidentemente por que resultaron del gusto, uso o necesidad, en otras palabras, si resultaron o resultan proficuas para alguien.

* Penosamente, el escritor está en una situación análoga aparentemente previa: todavía no es autor público, pero su subjetividad edita la realidad intencionadamente: conocer la raíz de estas discriminaciones, o siquiera pretender que se puede ser neutral frente a ellas -porque no se tienen- es una confusión común que sabemos justificar pues todos somos ignorantes.

* En general hoy se conversa de dos posibles opciones de lectura de la poesía: desde las tradiciones aparentemente cada vez más convergentes del oriente y del occidente: un pensamiento analítico exterior y uno interior. El oriental Kinsella llega a América primero pero después extiende algo de su rabieta a la relación de América con el resto del mundo: ¿Acaso no lo hacemos todos? (JK-AB, Capo dot com. Pg. 115 a 146). ¿Acaso no hacerlo es posible, deseable, correcto, justo, beneficioso? Si esta, nuestra era de Lo and Behold, nos lo permite ¿podemos incluso en poesía ser el gritón de Red Social Virtual? No me canso de cansar con esto: qué vicio de ventanas más aburridamente dinámico. Cualquiera (no todos, pero cualquiera) cree que asomándose a internet abre su mente. Tal vez sea así en un sentido, pero muy mínimo.

* Se agradece a JK lo que presenta. Posiblemente no hay poetas en español que puedan hacer esto, demasiada pasión y demasiada rabieta contra ese que despectivamente llamamos los estados juntos, el país sin nombre, no-américa, y más cosas más pesadas.

* En América, Hollywood es siempre adorable. A pesar del vicio, a pesar del asco. En palabras del gran Billy Wilder: "los pesimistas acabaron en Hollywood, los optimistas en Auschwitz". Nada de "suerte" aquí.  

* Darle una vuelta a aquello que Brilla (que sabemos, en cierto sentido, es indestructiblemente verdadero) tiene que aproximarnos necesariamente a su tradición poética: el verso proyectivo imaginado en este poemario de JK dejaría a cualquiera sin aliento. Una lectura con ritmo (beat) aplastaría la confianza del lector, la academia tendrá algo incompleto que decir. Objetivistamente nos podríamos quedar con el título (que podría discutirse en la traducción por océanos de páginas, también). El punto de estos puntos es LA intensamente interesante e infinitamente legible experiencia legítima que sucede abriendo o asomándose a las páginas, versos, desgarros p(r)o(f)éticos del Brillo (poema). Este mandamiento de Kinsella, from down under







domingo, mayo 14, 2017

"Palabras", de Sylvia Plath

© Traducción de Juan Carlos Villavicencio




Hachas
después de cuyo golpe la madera resuena,
¡y los ecos!
Ecos viajando
desde el centro como caballos.

La savia
brota como lágrimas, como el
agua esforzándose
en restablecer su espejo
sobre la roca

que cae y gira,
un cráneo blanco
corroído por las verdes malezas.
Años después
las encuentro en el camino–

palabras secas y sin jinete,
los infatigables golpes de los cascos.
Mientras
desde el fondo de la piscina, inalterables gobiernan
una vida las estrellas.



1963










Words

Axes / After whose stroke the wood rings, / And the echoes! / Echoes traveling / Off from the center like horses. // The sap / Wells like tears, like the / Water striving / To re-establish its mirror / Over the rock // That drops and turns, / A white skull, / Eaten by weedy greens. / Years later I / Encounter them on the road — // Words dry and riderless, / The indefatigable hoof-taps. / While / From the bottom of the pool, fixed stars / Govern a life.









sábado, mayo 13, 2017

“Tormenta”, de Wu Kieng






Maldije a la lluvia que,
azotando mi techo,
no me dejaba dormir.

Maldije al viento
que me robaba
las flores de mis jardines.

Pero tú llegaste y alabé la lluvia.
La alabé cuando te quitaste
la túnica empapada.

Pero tú llegaste y alabé el viento,
lo alabé
porque apagó la lámpara.



en Poetas chinos, 1958